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viernes, 24 de enero de 2025

Sabato... querido y remoto Maestro!

Ernesto Sabato, mi Tradicionalista favorito, aun sin haber él manejado jamás ese término.  

Conozco la obra de Sabato desde hace más de 20 años y conocí la Tradición hace como un par de años recién, o un poquito más (me enteré de que algo así "denominado" existía, mejor dicho, recién entonces). No pasó ni medio año de aquello que ya empecé a plantearme la idea de que quizá Sabato fue un Tradicionalista innato, natural. Sin embargo, sinceramente, por el conocimiento que tengo de su obra (subrayo aquí que cuando lo leí no tenía ni noción sobre la Tradición, ni sus exponentes, filosofía ni nada próximo o relacionado a ella) dudo que se haya acercado a ese camino formalmente. 

Pienso que de haberlo conocido (asumo que no, aunque tendría que volver a leerlo para ver ahora si hizo alguna mención explícita al respecto), quizá lo hubiera abrazado. Siempre lo vi como añorando una vía humana de anclaje a tierra y con El Absoluto, una vía, un camino claro con respecto a esa búsqueda, algo diferente al caos infinito de posibilidades que le defraudaron, algo que resuene con lo que sentía, veía y buscaba. Añoraba, una forma de expresarlo, de conjugarlo, una vía que le permitiera entender ese desarraigo que, me parece, sentía sobre sí mismo con respecto al mundo y la mentalidad decadente de Ocidente; hecho por el que algunos lo confundieron con frecuencia con un "posmoderno" 🤣 pero nada más alejado, vivió su vida cuestionando y denunciando la "dilución" posmoderna (aunque no con ese nombre), no como una de las expresiones más antimodernas, como algunos consideran al posmodernismo, sino todo lo contrario, como su subsecuente deriva lógica, la expresión más aguda y lacerante de la enfermedad del hombre moderno.   

En ese intento, entre la constante búsqueda y el cuestionamiento, postuló una especie de camino "dual" espiritual/social que él mismo conjugó y postuló como como posible vía, esa suerte de "socialismo cristiano" pero que al final, al parecer, tampoco llegó a llenarlo del todo. Siempre vi ese desarraigo en él, esa búsqueda eterna, sin descanso y a veces incluso casi desesperanzada... quizá porque precisamente se creyó o sintió un poco sólo en la misma, pero tan en sintonía con la que los tradicionalistas también prefiguraban.  

Ahora no puedo sino verlo de esa manera, un Tradicionalista intuitivo, sí, porque la Tradición lo encontró a él, o es que vivió siempre dentro de él, quizá aun sin saberlo, sin una adscripción formal: y es que es una constante y sobrecogedora búsqueda de lo trascendente, del Absoluto, aquello que permea y traspasa toda su obra.  

O alguien, corríjame por favor, ¿hubo algo en su obra que haya dado a entender que iba formalmente por ese camino? 👀 De cualquier maneras, con y desde su propia vida fue una especie de personificación intuitiva de esa Tradición: llegó a ser Doctor en Física pero más tarde cambió los números por las letras, pero no solo por las letras, sino por esa búsqueda de ese sentido trascendente que antes había creído encontrar en las matemáticas. 

  • Y así vivió a partir de entonces su vida en ellas, en las letras, y así como una suerte de "Tradicionalista innato", pudo ver en la poesía y en los mitos algo más, algo que bien pudo intentar ser mostrado por uno de sus personajes, y por su propio puño y letra:

«El poeta, inspirado por los demonios, repite las palabras que nunca habría dicho en su sano juicio, describe visiones de sitios sobrenaturales, lo mismo que el místico.»

(Sábato, Abaddón, el Exterminador, 1974)

  • Reflejó también constantemente en sus escritos su búsqueda espiritual:

«...cuando veo aquellos rostros inefables que siguen estremeciéndose ante un cielo tormentoso, o los que aún tiemblan al pronunciar palabras sublimes, pienso entonces en la desdicha de los hombres destinados a la belleza, pero forzados a sobrevivir en la banalidad de esta cultura donde lo que alguna vez fue sentido, ha degenerado en burda diversión, en estimulantes o patéticos objetos decorativos. Triste epílogo de un siglo destrozado entre los delirios de la razón y la crueldad del acero.»

(E. Sábato, Antes del Fin, 1999)

  • Así como su desencantamiento con respecto a la mentalidad moderna del autoproclamado "semidiós" ilustrado que terminó en un completa contradicción: el nihilista desarraigado y alienado de sí mismo en medio del vacío de la posmodernidad...

«El siglo XX esperaba agazapado como un asaltante nocturno a una pareja de enamorados un poco cursis. Esperaba con sus carnicerías mecanizadas, el asesinato en masa de los judíos, la quiebra del sistema parlamentario, el fin del liberalismo económico, la desesperanza y el miedo. En cuanto a la Ciencia, que iba a dar solución a todos los problemas del cielo y de la tierra, había servido para facilitar la concentración estatal y mientras por un lado la crisis epistemológica atenuaba su arrogancia, por el otro se mostraba al servicio de la destrucción y de la muerte. Y así aprendimos brutalmente una verdad que debíamos haber previsto, dada la esencia amoral del conocimiento científico: que la ciencia no es por sí misma garantía de nada, porque a sus realizaciones les son ajenas las preocupaciones éticas.

Frente al caos capitalista, surgió el movimiento socialista, pero pronto adquirió los atributos del siglo que quería combatir: la Ciencia y la Máquina se convirtieron en sus dioses tutelares, y al socialismo "utópico" de Owen, Fourier y Saint-Simon sucedió el socialismo "científico" de Marx. Y de este modo, la concentración del poder estatal mediante la ciencia y la economía condujo a los superestados basados en la máquina y en la totalización.

Esta crisis es el fin de toda esa concepción de la vida y del hombre, que surgió en Occidente con el Renacimiento. De tal modo que es imposible entender este derrumbe si no se examina la esencia de esa civilización renacentista.

Tal como Berdiaeff advirtió, el Renacimiento se produjo mediante tres paradojas:

   1a Fue un movimiento individualista que terminó en la masificación.

   2a Fue un movimiento naturalista que terminó en la máquina.

   3a Fue un movimiento humanista que terminó en la deshumanización.

Que no son sino aspectos de una sola y gigantesca paradoja: la deshumanización de la humanidad.

Esta paradoja, cuyas últimas y más trágicas consecuencias padecemos en la actualidad, fue el resultado de dos fuerzas dinámicas y amorales: el dinero y la razón. Con ellas, el hombre conquista el poder secular. Pero — y ahí está la raíz de la paradoja— esa conquista se hace mediante la abstracción: desde el lingote de oro hasta el clearing, desde la palanca hasta el logaritmo, la historia del creciente dominio del hombre sobre el universo ha sido también la historia de las sucesivas abstracciones. El capitalismo moderno [y el progresismo posmoderno, esto es un añadido mío, en su lugar Sabato escribió "ciencia positiva"] son las dos caras de una misma realidad desposeída de atributos concretos, de una abstracta fantasmagoría de la que también forma parte el hombre, pero no ya el hombre concreto e individual sino el hombre-masa, ese extraño ser todavía con aspecto humano, con ojos y llanto, voz y emociones, pero en verdad engranaje de una gigantesca maquinaria anónima. Este es el destino contradictorio de aquel semidiós renacentista que reivindicó su individualidad, proclamando su voluntad de dominio y transformación de las cosas: ignoraba que también él llegaría a transformarse en cosa.

Hombres como Pascal, William Blake, Dostoievsky, Baudelaire, Lautréamont, Kierkegaard y Nietzsche intuyeron que algo trágico se estaba gestando en medio del optimismo [modernidad, esto es un añadido mío]. Pero la Gran Maquinaria siguió adelante. Desolado, el hombre se sintió por fin en un universo incomprensible, cuyos objetivos desconocía y cuyos Amos, invisibles y crueles, lo llenaban de pavor. Mejor que nadie, Franz Kafka expresó la sensación de desamparo del hombre de nuestro tiempo. Y aunque la soledad del hombre es perenne, no sociológica sino METAFÍSICA, únicamente una sociedad como ésta podía revelarla en toda su magnitud. Así como ciertos monstruos sólo pueden ser entrevistos en las tinieblas nocturnas, la soledad de la criatura humana se tenía que revelar en toda su aterradora figura en este crepúsculo de la civilización maquinista [es decir, Posmodernidad, también esto lo añadí yo]»

(Sabato, Hombres y Engranajes, 1951)

Nótese aquí que las ideas posmodernas recién se empezarían a gestar por los años 60, es decir, 10 años después de este libro, pero Sabato ya intuía el derrotero por el que se encaminaría esa "filosofía moderna" de vida; es decir, ya vía el rumbo de su decadencia: la posmodernidad.

Sabato ha sido para mí no solo una especie de maestro desde mi adolescencia, y lo es para muchos aun sin haber pretendido jamás serlo, nunca jamás se percibió como tal, ni como alguien "iluminado", un gurú, etc., de esos especímenes que abundan y sobreabundan y parecen reproducirse hoy tanto que hasta parece que se los encuentra uno hasta debajo de las piedras (de esos que poco o nada tienen en sus ideas simplistas, simplonas, reduccionistas, maniqueístas y dicotómicas para ser rescatad). No, él mismo se veía como alguien que necesitaba "que lo apuntalaran" (como a una casa vieja, decía), solo quería que lo recordaran como "un viejito cascarrabias, pero en el fondo buen tipo". Y creo que en eso también se reconocía su grandeza: los grandes nunca necesitan echarse flores, son sencillos y accesibles, por eso brillan con luz propia (a diferencia de la mediocridad y mezquindad que necesita la autoalabanza, echarse flores y pone zancadillas a otros, esa bajeza que busca apagar el brillo de otros porque solo así puede recién intentar "hacerse notar". Alabanza en boca propia es vituperio", decía mi sabia abue; cuánta razón!). 

Y no solo ha sido esa suerte de maestro para mí, sino también un refugio, un rinconcito de letras, de arte y para el alma al que siempre, SIEMPRE, vuelvo...

Esta entrevista es de 1977. Les invito a escucharlo... y ¿por qué no?, a deleitarse también con su magnífica obra!"  

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Como "bonus track", un pedacito de un pequeño proyecto en el que estaba trabajando años atrás por puro amor al arte, digo, a Sabato 😁. Conocen o reconocen la música? 😉 



viernes, 15 de marzo de 2019

ÜBERMENSCH - En la búsqueda del Superhombre Nietzscheano...





Comenzaré algo lejos de lo que implica el análisis del Superhombre de Nietzsche. Comenzaré por algo cotidiano y que tristemente no es en absoluto difícil de encontrar en nuestro tiempo.

«No existe en el mundo nadie que quiera a los pobres y a los feos. Nadie quiere aquello que huele a debilidad o a enfermedad, no seamos hipócritas. La “igualdad” y la “tolerancia” son solo para cristianos y socialistas» decía alguien por ahí para justificar su racismo explícito, y digo explícito porque tal persona lo expresó abiertamente y con orgullo, no porque yo lo “intuyera”; afirmaciones aquellas con las que se sobreentiende entonces que según tal visión se estaría dando por hecho, casi como un axioma que ciertos grupos étnicos huelen a debilidad o son pobres o son feos ¿verdad? Para mí, ¡Vaya cóctel de prejuicios!

La búsqueda de justicia, a pensar mío, no es privativa de uno u otro grupo (socialistas o cristianos), si entendemos como “igualdad” a la condición humana y como “tolerancia” al hecho de respetar el derecho de los demás a tener posiciones contrarias mientras estas no atenten justamente contra los derechos ajenos. En este sentido, hablar de igualdad y tolerancia peyorativamente y como ideas de débiles y enfermos y restringidas únicamente a ciertas ideologías (también en un claro sentido peyorativo) como postula semejante "opinión", considero que es tomarse ciertas “libertades” (por no decir otra cosa) y caer en sucesivos prejuicios. La búsqueda de justicia constituye un derecho humano fundamental inalienable de todos los seres humanos, que se lo aplique o no en la vida real es otro tema; como también es otro tema que se hable o no sobre estas ideas “igualdad y tolerancia” entre cristianos y/o socialistas. El tema de la justicia no va de quién la postula, va de que es un derecho inalienable e independiente de la postura ideológica de la persona. Cuando llueve moja a todos, o al menos debería… Evidentemente esta persona estará en todo tu derecho de creer que soy una completa hipócrita por escribir esto, sin embargo, eso no necesariamente significa que esté en lo correcto en su apreciación sobre mí ni sobre ninguna otra persona, sino que claramente, esos juicios pasan y estarán traspasados por la visión que claramente ostenta.

¿Y en qué se basaba esta persona, según ella misma, para hacer tales alegatos? Algunos creerán que efectivamente entendió bien la cuestión, pero otros, como yo, creerán que se alejó de aquellas ideas en las que, en teoría, aquella persona fundamentó tal juicio: la filosofía del Superhombre de Nietzsche.

La persona en cuestión, llamaba posteriormente a desprenderse de constructos sociales impuestos por el cristianismo o socialismo, cayendo irónicamente, es decir, creyéndose completo el constructo social (léase prejuicio) y cayendo en el sesgo de que una raza o un color de piel determina automáticamente la belleza/fealdad, pobreza/riqueza, fortaleza/debilidad o inteligencia de una persona.

Aquellas no son más que ideas que sí, han permeado en muchas sociedades, pero constituyen eso, un prejuicio o sesgo (desviación sistemática y persistente del juicio hacia algo permeado por ciertas inclinaciones específicas que ponen en último plano la objetividad) que nubla la visión. Asumir por ejemplo que "ese moreno feo de está allá debe ser un maleante, o un vago, o un completo ignorante”, qué se yo, siendo que incluso la idea misma de fealdad o belleza constituye un sesgo que como humanos tenemos (lo dice la ciencia), más no somos puramente animales básicos instintivos cuya única idea en la cabeza es “procrear” (a razón de lo cual la ciencia explica dicho sesgo acerca de “la belleza”) sino que somos seres racionales, lo que nos diferencia del reino animal, hablo del tema específico de la “belleza o fealdad”. Sobre el racismo, insisto, las ideas que lo avalan son meros constructos sociales. Lo mismo pasaría por ejemplo con alguien que viste de negro y escucha determinado estilo de música, a decir, metal; según lo cual puede existir la ya conocida tendencia a creer “ha de ser satánico, o drogadicto” o quién sabe cuántos prejuicios más que se elaborarán al respecto. Son prejuicios de los que lamentablemente el mundo hasta el día de hoy no se ha sabido librar; crear estereotipos de la persona alrededor de su apariencia, y todavía peor, determinar cuáles estereotipos son deseables y cuáles no, ideas que atizadas derivan en actitudes discriminatorias y/o racistas, donde se cree casi axiomáticamente en la superioridad (en cualquier área) de un grupo sobre otro sobre la base de la apariencia física; y eso implica, además de un claro sesgo, un prejuicio que hace proclive a quien lo posee, de cometer toda suerte de injusticias en contra de la dignidad humana.

Todavía soy yo hablando, por si las dudas; aún no entro a Nietzsche.

Todo aquello constituye un constructo social arraigado, es decir, una idea diseminada sobre la realidad que no necesariamente tiene nada que ver con ella, un prejuicio y un sesgo, como decía, en otras palabras. Curiosamente sin embargo, todo ello es defendido y justificado precisamente por alguien que dice estar en contra de todo constructo social, en teoría, porque Nietzsche así se lo enseñó. Mi pregunta es, ¿habrá entendido a Nietzsche? ¿No que “la creación de la propia moral”?

No es novedad que la corriente que iniciaron ciertos pensadores adquiriera no uno, sino innumerables matices y por tanto diferentes formas de interpretarla, quizá unos se acercan más que otros al mensaje que el autor pretendió transmitir, quizá ninguno.

Según lo que se sostiene habitualmente, Nietzsche establece que la moral cristiana es la responsable de la decadencia humana, por ello la llama la "moral de esclavos", débiles mentales y parásitos que ansían la desaparición de los fuertes. Establece también por contraparte la voluntad de poder, "la de los amos”. Y sí, lo sostiene pero, ¿a qué se refería?

Interpretaciones sobre este punto pueden llegar a ser extremadamente disímiles. El progresismo posmoderno actual por ejemplo, se cree y crea en el imaginario colectivo que promueve una suerte de "marxismo cultural" (cosa más quimérica esta), y se agarran de Nietzsche para sostener una "nueva moral" y promover así ciertas ideas que no son sino dogmas, por otro lado y esto a manera de dato extra, defienden un relativismo desmedido donde la noción de verdad no existe y de hecho donde la realidad misma llega a pulverizarse y diluirse, pasa al lado del idealismo filosófico donde la consciencia crea la realidad (la idea crea a la materia, la materia no existe si no es observada pues no es independiente del sujeto), uno de los fundamentos por ejemplo, que se maneja sobre la transformación de la realidad a través del lenguaje inclusivo, o la promoción de "espacios seguros" en las Universidades donde la posibilidad de confrontación de ideas no exista para precautelar la slud emocional de los estudiantes. Esta corriente dice basarse, entro otros, en el pensamiento de Nietzsche (¡vaya ironía! justamente Nietzsche, quien repudia tanto la debilidad, ya entraré en eso). Recomiendo en este punto, si gustan profundizar en esta idea leer la entrada Progresismo Posmoderno (Desambiguación). Sin embargo, y continuando con la idea anterior, como dato, el Marxismo para empezar es eminentemente materialista, (la realidad es independiente de la consciencia, del individuo, la materia produce la idea y no a la inversa) y, por otro lado, los Marxistas critican en Nietzsche su supuesto elitismo de mentalidad aristócrata, pues según ellos, aboga por la Burguesía y las clases dominantes.

Es así que unos toman a Nietzsche por uno de los paladines del posmodernismo, que valga recordar, se considera a sí mismo revolucionario; mientras otros, los marxistas critican en Nietzsche una visión puramente aristocrática, la de la clase social dominante que busca someter y pasar por sobre todos los demás, los débiles (a los que refiere como el vulgo) para mantener aquella posición de privilegio, estos movimientos también se consideran revolucionarios pero se encuentran en franca oposición con el grupo anterior pues ni son idealistas, ni ven en Nietzsche a un paladín de su causa sino todo lo contrario. Lo curioso del asunto es que en el imaginario popular, y hasta ellos mismos (el movimiento progresista eminentemente posmodermo), suelen meterse en el mismo saco, bajo el nombre de "Marxismo", para variar.

Es decir, retomando el camino que nos ocupa, unos ven en Nietzsche a uno de los paladines de la "revolución" posmoderna; otros ven en la filosofía Nietzscheana la voluntad de dominio del opresor. Y otros, entre quienes me incluyo, vemos algo mucho más allá de ambas posiciones, algo más noble y elevado, a eso voy...

¿A qué llamaba Nietzsche debilidad? ¿Qué es aquello que Nietzsche categóricamente repudiaba? ¿En verdad odiaba las enseñanzas de Jesús y sus ideas con respecto a los "débiles" (volveremos sobre este punto más adelante) o es que repudiaba las tergiversadas ideas de sus posteriores seguidores y a su feligresía? Aquí entra de nuevo cómo las ideas de una persona pueden trastocarse hasta caer incluso en lo diametralmente opuesto, recordar la inquisición bastará para entender a qué me refiero, asumo.

A pesar de todo, emprendo aquí un intento por aproximarme a lo que creo pudo ser lo que Nietzsche, con su filosofía del Superhombre intentó transmitir... a ver cómo sale.

Para empezar, sí, a mí también me da una especie de náusea mental ver ciertos grupos autodenominados Social Justice Warriors (SJW) que hablan de tolerancia y cuestionamiento hacia el sistema mientras no son capaces de cuestionar sus propios dogmas y son crudamente intolerantes y lapidarios con todo aquello que salga de tales dogmas. Pero no hay que apresurarse, no solamente existen dos bandos:

- Supuestos revolucionarios SJW y ”progresistas posmodernos” que, en su dogmatismo y con sus “incuestionables” métodos están lejos de representar a la palabra progreso o
- El egoísmo más acérrimo que pisotea la dignidad y derechos de quien sea en una mentalidad mezquina por subir a como dé lugar, y que además creen que absolutamente todo lo que dicen los SJW debe ser, automáticamente, una falacia.

No, existen otros caminos, otros colores, uno de ellos el camino del criterio propio, el raciocinio y la empatía (que no están peleados) y que obviamente no va a comulgar fanáticamente ni convivir con ninguna de tales posturas. Sólo lo aclaro, por si acaso.

Para empezar ¿sabían que Nietzsche repudiaba a los propios alemanes? Si, a los arios y blanquitos alemanes, (esos que para algunos, a entender de visiones como la de la persona con quien inició el post, al parecer representan todo lo bueno, deseable y decente...), los repudiaba y los ponía también en el saco del rebaño, de esa "peste" que asola el mundo, para resumir (algo bastardo el resumen pero bueno, no quiero desviarme demasiado por las ramas).

Según lo que pude rescatar de la lectura de Nietzsche, la debilidad que vio como inadmisible, además de la física en cierta medida-que explicaré más adelante- (lo cual es un poco paradójico por su propio final, que obviamente él jamás hubiese querido para sí mismo), consiste eminentemente y sobre todo en una debilidad de carácter, debilidad ideológica, de voluntad y de criterio propio, es decir, todo aquello que por definición va en contra de esa voluntad de poder de quien tuvo a bien reconocer como el Superhombre. Es decir, criticó y repudió profundamente el hecho de regodearse, por decirlo de algún modo, en la propia debilidad,

Por lo general, aunque pudo ser racista, no lo niego ni pretendo entronizarlo sino más bien, escarbar en su filosofía, su desprecio hacia la debilidad física no venía de su crítica hacia un grupo étnico o por el color de la piel per se (aún siendo verdad que detestaba a los alemanes), sino más bien de una crítica hacia la debilidad de carácter que hace con respecto a la masa al resignarse y refugiarse en tal debilidad como si esto pudiese ser algo “bueno”, así como criticó a quienes atizan tales actitudes desde la conmiseración de la moral cristiana. Claramente aquello no es digno ni representa al Superhombre. Es así que su crítica parte de una crítica a esa debilidad de espíritu e ideológica que convierte al ser humano en parte del rebaño cristiano y extrapolando, parte del rebaño del o los sistemas imperantes (y sus constructos absurdos).

Tanto es así que no sólo no asociaba tal debilidad a un color de piel, sino que despreciaba profundamente además el antisemitismo alemán, al punto que decía que había una grandeza tal entre judíos (en tanto grupo humano, la religión judeo-cristiana es otro cuento que siempre aborreció), que jamás había encontrado entre los decadentes alemanes. Por otro lado y sirva esto como dato, las enseñanzas de Jesús el mismo Nietzsche las consideró muy valiosas, reconoció a su persona como un hombre que se había superado a sí mismo, en cambio, sobre la religión que se erigió detrás de su imagen, manifestó que "Lo último que sería Jesús si volviera a vivir, sería ser Cristiano". Revelador, ¿no les parece?

Es decir, la debilidad física y de espíritu la despreció no por viejo loco, sino porque la creía indigna del Superhombre, de su espíritu superior y su voluntad de poder (algunos asocian aquello con un desprecio hacia el vulgo, y sí, pero no por vulgo, sino por conformarse y regodearse en esa sumisión y debilidad de carácter indigna de un espíritu superior que ni siquiera entienden y, valga aclarar, tal cosa no dependería de la piel sino de la voluntad de Amo y no de rebaño).

Aquí ya cambia un poquito la visión sobre lo que a priori suelen sostener como puro y llano desprecio por "lo débil" sencillamente porque sí, cuando se toma la filosofía de Nietzsche como pretexto para ser abusivos y pisotear al otro (personalmente considero eso un acercamiento por demás somero a su filosofía, algo así como sólo ver la punta del iceberg y quedarse con ello), siendo que lo que él no soportaba era la debilidad de carácter, que "el vulgo" no tuviera ni de soslayo la voluntad de espíritu y la entereza que tiene el Superhombre de ver su verdadera naturaleza y su condición donde jamás admitiría ningún tipo de vejación ni compasión hacia su persona, mucho menos se regodearía en ello. Alguien que, adquiriendo consciencia de su posición y de su poder, aspiraría a más, a algo que la masa en su enajenación de sí mismos y de su voluntad no puede ver. El espíritu del hombre superior, aquel del que también habla Hesse en sus escritos, no consistiría entonces en una mentalidad simplemente burguesa como algunos teóricos suelen indicar, el espíritu superior del Superhombre va mucho más allá.

No despreció al débil porque sí, sino la actitud de regodearse en la debilidad, siendo que el Superhombre, por su naturaleza, está destinado a más. Es más, a modo de dato curioso, Nietzsche, en todo hombre sabio, llegó a ver incluso cierta suerte algo distinta de debilidad... más adelante abordaré levemente el asunto para explicarlo un poco.

En este sentido, creo yo, su filosofía es algo mucho más noble de lo que se suele entender y de lo que se plantea por ahí. Por ejemplo nunca vio con buenos ojos ese estado terminal donde por ejemplo se necesita asistencia de todo tipo para seguir existiendo, ni siquiera viviendo, porque eso no sería, según él, una vida digna. Es algo polémica o puede resultar incluso chocante su visión (que defendía incluso el suicidio y la eutanasia), pero por muy extravagante que sea e independientemente de lo que opinemos al respecto, sepamos ver que lo hacía no porque una persona enferma o abusada le pareciera un ser inservible o detestable como algunos creerán, sino porque la nobleza y divinidad del Superhombre no podía admitir y tolerar tales vejaciones hacia la dignidad del individuo, y obviamente NO porque las promoviera como al parecer hacen algunas personas nombre suyo -o como el personaje de quien hablo al inicio-.

Según pude leer en su obra, Nietzsche consideraba que el hombre había perdido totalmente la noción del Superhombre y su destino mucho más elevado que este, por eso el hombre que toma conciencia de su grandeza, es decir, el Superhombre se supera a sí mismo y es entonces que decreta que Dios ha muerto, porque no lo necesita más, porque él mismo es un ser ya elevado cuya moral no será ya dictada por un ser que la religión imperante llama Dios. Pone entonces por encima la voluntad del Superhombre y su autodeterminación en la creación de una nueva moral más allá de lo que la Iglesia y otras Instituciones humanas denominaran bien y mal. Es aquí donde nace el individuo que se determina a sí mismo desde sí, y es creador además, de su propia moral. Es decir, plantea la ya conocida idea de la “transmutación de los valores” sobre la propia autodeterminación del Superhombre. Podría sonar esto chocante, pero la idea que tenía sobre la debilidad de quienes buscan compasión y no poseen esa voluntad típica del Superhombre nos encamina nuevamente hacia lo que podría significar esa trasmutación. Se habla entones de la moral del Señor, aquella que no es sumisa sino que ostenta, orgullosa esa voluntad de poder.

En el ser masa que no ha comprendido ni mucho menos aprehendido al Superhombre en cambio, Nietzsche veía al gran rebaño, sin voluntad, sin dignidad; una muchedumbre que se permitía la debilidad de la enfermedad o de ser objeto de todo tipo de vejaciones sin acabar con su triste existencia (suena loco y extravagante lo sé, pero sigamos...) y morir gloriosamente como lo haría el Superhombre o al menos respetablemente; y no así en ninguna miseria, no solo material sino de carácter con que se ha resignado a vivir esperando un salvador que lo rescate. Es decir, ve al hombre débil que repudia no en un grupo étnico (aún siendo que despreciaba a los Alemanes), sino como aquel ser alienado, ese rebaño que no ha sabido darse a sí mismo a valer, que necesita que piensen por él, que le indiquen una moral a seguir, un camino a tomar e incluso a buscar que alguien más llegue a salvarlo, pues no es capaz de ver la posibilidad del Superhombre y de su elevado destino, es así que ese vulgo, enajenando, ha abdicado a vivir pues no tiene voluntad, se ha anulado y mimetizado en la masa que no comprende al Superhombre y no entiende tampoco su potencial.

Una cosa es que no soportara las miserias del ser humano siendo que el Superhombre está destinado a algo mucho más elevado, otra es que promoviera que, para llegar al Superhombre este se sumiera o sumiera en el fango a algún grupo por simples cuestiones de piel; la debilidad que odiaba era la de espíritu (por decirlo de alguna manera), la ideológica. En realidad su filosofía parece más un llamado al Superhombre pero dirigida a aquellos que pueden entenderlo, asimismo se traduce en una bofetada hacia el hombre común y alienado que no quiere salir de ese lodazal ni busca alcanzar al Superhombre. Según él, el Superhombre es tan elevado y digno que jamás se permitiría las bajezas de los débiles, ni mucho menos se rebajaría a ser compadecido por nadie, no lo necesita, pues tiene esa voluntad de poder.

Es decir, y esto lo digo solamente yo, en una sociedad donde solo existiese el Superhombre, si analizamos, tampoco serían admisibles las vejaciones hacia la dignidad como vemos por todos lados hoy en día, el despellejarnos despiadadamente unos a otros porque en un estado de aceptación de la propia naturaleza elevada y vigorosa se reconocería en la otredad también esa condición de ser humano evolucionado y su dignidad; se lo reconocería en su naturaleza elevada y se reconocería que este está también consciente de cuan alta y elevada es su naturaleza y su sino. Se respetaría, creo yo, la dignidad de los semejantes altivos, elevados, nobles, poderosos, orgullosos y desligados de las bajezas del hombre común, lejos de necesitar o generar compasión, lejos de seres indignos que se matan y ultrajan unos a otros solo porque no alcanzan a ver nada más. ¿Una especie de sociedad utópica? Quizás…

Recomiendo en este punto una lectura, "La Raza Futura" de Lord Lytton, donde se muestra un estado de conciencia quizá superior donde la sociedad que se escribe evoca incluso alguna suerte de socialismo utópico, donde la cooperación y la armonía en una sociedad mucho más avanzada que la nuestra incluso tecnológicamente es posible. Aunque muchos han considerado esta obra como influyente para Hitler con aquello de la visión suya de una “raza superior” (de hecho yo misma creo que tal vez haya sido influyente, pero sobre interpretaciones ya sabemos que las visiones pueden llegar a ser incluso diametralmente opuestas, así que no, defiendo aquí a Hitler ni a sus métodos ni remotamente), considero que es una fuente importante para hacerse una idea sobre aquello a lo que posiblemente Nietzsche pudo referirse a través de sus postulados con respecto al Superhombre. Esta obra además, muestra una nueva moral basada no en una religión sino en ese estado superior del ser.

En ese sentido, si alguien aspira al Superhombre, habría que empezar, creo yo, por reconocer no ya la dignidad de un ideal Nietzscheano (el Superhombre en cuestión) sino, la dignidad propia del hombre real que, haciéndose más consciente de su naturaleza ha superado todos esos vicios y bajezas que defienden algunos a nombre de grandeza y lo cargan a la cuenta de Nietzsche. ¿No que creadores de su propia moral?

Evidentemente Nietzsche repudiaba los constructos sociales que mantienen sometido al individuo, sin capacidad para pensar por sí mismo, seguro en sus dogmas y actuando sin dudar amparado en ellos, pero nunca, que yo sepa, habló de la debilidad en el sentido que algunos le dan, como determinado por la piel. Al contrario, creía incluso que el hombre sabio podía ser muchas veces débil, pero en otro sentido, puesto que en su mano, en su actuar, cabría siempre la duda; es entonces que muchas veces aquel hombre con tal grandeza se vería en su caminar completamente sólo. En cambio en el hombre sometido, en aquel que no piensa por sí mismo; los constructos sociales y sus dogmas le habrían dado la fuerza para sostener actitudes casi fundamentalistas, violentas, avasalladoras, una "fuerza" falsa (por eso las comillas) y, por otro lado, la comodidad y seguridad de permanecer entre las masas, esa masa amorfa, débil y alienada; y donde esa aparente "fortaleza" radica no en su voluntad de poder sino todo lo contrario, en su falta de voluntad, en su autoanulación, en su resignación y en su decantamiento por la ignorancia (es decir, la que se elije) y lo peor, que se solazaría en ella.

Así de descontextualizada creo que puede estar su obra, así de abismal puede ser la distancia entre las interpretaciones que se hace sobre su filosofía y su concepción del Superhombre en una sociedad a la que evidente y lamentablemente le cuesta demasiado comprender qué es eso de "la naturaleza elevada", "el espíritu superior ", la voluntad por sobre el adoctrinamiento o algo tal simple y concreto, y esto lo digo yo, como la dignidad del ser humano, esa cuestión que parece permanecer más desconocida aún que la materia oscura, tanto es así que la sociedad actual parece hacer de la vista gorda, como si no existiera, pues no la toma en cuenta.

Quizá sobre éste análisis e interpretación que hice me equivoque, pero al ver cómo ha sido tomado el Superhombre para justificar todo tipo de mezquindades y bajezas indignas de un ser tan elevado y voluntarioso, sinceramente pienso ¡pobre Nietzsche!, pues creo yo, bien podría estar revolcándose en su tumba...

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BIBLIOGRAFÍA:

NIETZSCHE, Friedrich. "Así hablaba Zaratustra"
                                         "El Crepúsculo de los Ídolos"
                                         "El Anticristo"
                                         "Humano, demasiado Humano"
                                         "Ecce Homo"

LYTTON, Edward B.   "La Raza Futura"


martes, 19 de junio de 2018

...Y el desapego te hará feliz (dice)


La vida se trata de vivir el presente dirán algunos por ahí, y es claro que no podemos vivir de nostalgias pasadas ni cerrar los ojos y vivir solamente de anhelos futuros, sin embargo, tampoco se trata de quedarse inmóvil en el tan sobreestimado presente, en sus 4 paredes o dicho de otro modo, en su tácita zona de confort, aquella donde no se hace nada ya sea por la idea esta tan abrazada de que “todo va y viene” o "todo fluye" y no importa, al final "todo es como debe ser" (idea que según algunos psicólogos termina haciendo apología al conformismo, a la ley del menor esfuerzo, puede llevar a ver injusticias sin hacer nada o por último a la desidia total), que se quedará quien “te merezca” (típico slogan del culto al individuo), así que no hay que apegarse a nada ni nadie, además, resulta más cómodo.

Pensar sólo en el presente, eso dice casi cualquier libro de autoayuda, hasta el "ultra profundo pensador" de Coelho me parece que también lo hace, pero de lo que no estoy segura es si se han puesto a pensar en que así como sólo importa el ahora, se tiende a desestimar los lazos afectivos como si no fuesen algo digno de cuidarse en el tiempo y, por consiguiente se tiende a desestimar a las personas y nuestra relación con ellas, como si se tratara de objetos, por ejemplo, de un smartphone último modelo en plena sociedad de consumo, dónde al margen de consumir y consumir casi descontroladamente, esa misma sociedad moderna te enseña que prima aún más el desechar y desechar (y así el consumo pueda ser “sostenible”), donde lo que importa es tener el dispositivo más reciente y novedoso, importa el presente, tener el último modelo, pero no generar ningún tipo de interés en cuidar y conservar, porque cuando sale el nuevo modelo también lo quieres y será bueno mientras dure, hasta que salga el siguiente y así sucesivamente.   Al final, son solo objetos ¿no?

He visto cómo autores de autoayuda te dicen también que el apego “es algo terriblemente malo”, ¿acaso las personas valen lo mismo o pueden ser tratadas igual que un objeto de consumo? Me pregunto  ¿Es según esas posturas TAN necesario para crecer como persona darles el mismo trato?  Desechar rápido, porque las oportunidades pasan y la vida sigue, presente, presente, presente, tiempo líquido, amor líquido, que se escurre, tiempo puntillista (como diría Bauman, los invito a leerlo), “vive el momento mientras dure”, y ¿qué implica eso, acaso no viene de ahí el cero compromiso? o ¿ahora el compromiso también es malo?  esperen, ¿qué me perdí?

Lo que puedo ver es que todo eso sólo refuerza la visión tan desafecta que tienen estos tiempos, y no sólo eso, sino la carencia de objetivos, la carencia de norte, porque todo es volátil; “baila mientras dura la música y despreocúpate de lo demás” escuché por ahí, y ¿acaso no es sabido que justamente eso promueven algunos libros y conferencistas de "autoayuda"? por eso entre otras miles de cosas, no terminan de convencerme, y es que en esa visión sólo promueve el desapego atroz como si nuestra sociedad no viviera ya en excesivo desapego y egolatría, una visión reforzada en que el presente y el yo es lo único que importa, una visión donde prima el llano disfrute y el hedonismo, "mientras sea feliz" luego "adiós" con lo cual tampoco se están poniendo los cimientos para ningún compromiso serio con el otro, sino "mientras me satisfaga", en muchos casos, o peor aún "mientras me sirva", llevando todo esto a utilizar a las personas como si fueran objetos nacidos para tú crecimiento, desarrollo, etc., como lo quieras ver.  Se usa a las personas. 

Lo que digo no se trata de no dejar ir a quien quiere irse, de cortar las alas, tampoco de soportar una relación destructiva.  Hablo de la frialdad y comodidad con que he visto que hoy se deja ir una relación al primer problema en honor al tan mentado “desapego”.  O cómo incluso se empiezan relaciones basadas no en hacer feliz al otro y hacerse felices mutuamente, sino en cuánto bien te hace que esa persona esté ahí, bien de forma utilitarista, y cuando ya no te sirva pues...  Una persona consciente sabrá la diferencia entre no cortar las alas del otro y usarlo, claramente, pero da la casualidad que vivimos no precisamente en una sociedad muy consciente y en tal entendido, promover ese tipo de ideas ha llevado no a amar y en consecuencia amar también la libertad del otro, sino que se ha torcido al punto de que hoy cualquier lazo afectivo fuerte puede ser, y de hecho es condenado como "apego malsano" del que "hay que" librarse.  Se prefiere, no la idea de amar y con ello dar libertad, sino la de no apegarse uno mismo, por ego, de no crear esos lazos, no pensar en una construcción en común porque en esta sociedad acelerada, solo importa el presente y en el presente no valen ya construir nada, porque el vacío posmoderno va permeando todo y lo va subsumiendo todo como la nada en la Historia sin Fin.

La vida no es un viaje donde hay que cumplir metas y paradas que los demás esperan, no, no estamos para cumplir expectativas ajenas, ok, hasta ahí creo que estamos de acuerdo; pero tampoco se trata de vivir el momento careciendo totalmente de un compromiso real y por tanto de un norte, incluso cuando te encuentras inmerso en el deleite escuchando una obra de música esperas con cierta antelación ese momento en que te recorre un estremecimiento que recorre la nuca y se pierde poco a poco por la espalda, toda canción tiene un leitmotiv y un momento cúspide, todo baile un momento de expresión máximo, y eso es la vida.   Obviamente no se trata de tener todo hasta el más mínimo detalle planificado, la improvisación también tiene su lugar, ¡y uno de lujo!, pero tampoco se trata de tocar un par de notas indefinidamente sin tener una idea ni siquiera vaga sobre adónde llegar, lo cual sería un paralelismo a "bailar mientras dure la música sin pensar en lo demás", una invitación a quedarse inmóvil, en la clásica y cómoda burbuja de confort dónde están ausentes tanto el  norte como el compromiso.

Si un libro, artículo, etc., lo único que hace es reforzar tu propia idea, si es complaciente,  si no te sopapea, si no te hace pensar, si no aprendes nada, lo más probable es que sea ese tipo de autoayuda "ultra positiva", de esa que a todo el mundo le gusta escuchar porque lo único que hace es reforzar su propia visión del mundo y hacerte creer que puedes vivir en una pradera llena de flores o que "el universo conspira a tu favor",  ¡y no!   ESO es precisamente lo que a muchas personas les gusta, es lo que vende, eso y la promesa de encontrar la felicidad a través de recetas facilistas (recuerden "El Secreto" o que si lo deseas lo suficiente el universo conspirará a tu favor),  a través de la desafección, a través de la banalización de las relaciones y su consiguiente deshumanización, al promover que el compromiso con ellas se reduzca al nivel fugaz y temporal que mantenemos por ejemplo con cualquier objeto, es decir “mientras dure”.   

Esa sociedad líquida, como diría Bauman, hace que las relaciones hoy en día carezcan de ese compromiso, por eso no se las cuida y construye, por eso se basan en "vivir"  o disfrutar el presente y desechar,  y tal vez por eso los lazos afectivos a todo nivel están tan resquebrajados, débiles, tan ultrajados y apabullados y sometidos por el ir y venir de la vida tan agitada que nos vemos casi obligados a llevar, por supuesto siempre teniendo como máxima el vivir sólo el presente y disfrutar, como si todo se tratase de burdo hedonismo ¿dónde queda la compañía y el apoyo en esos momentos que no siempre serán de puro "disfrute" y placer banal?   Se confunde amor con placer, siendo que el placer busca sólo lo propio, pero el amor busca y ve también por el otro.   Y al final, si la relación lo resiente, no importa, pues resulta que si no es fácil no era para ti, (¿recuerdan el conformismo y la ley del menor esfuerzo ahora?)  "¡desapégate! recuerda que oportunidades hay miles".   

Y sí, puede parecer muy alentador y bonito que te digan que aprendas a "desapegarte" de las personas, pero ese es precisamente su objetivo, sonar bonito, por eso tantas y tantas personas se suman a esa idea, porque es atractiva y suena bien, porque así sufren menos, quizá porque crean lazos más débiles y menos duraderos, quizá hasta amen menos, qué sé yo, pero lo más seguro creo yo, es que al final, también puede que pierdan lo más por lo menos…



miércoles, 27 de septiembre de 2017

ABSOLUTO, en la búsqueda del Absoluto Sabatiano...

¿Cómo concebir el absoluto al que tanto y tan recurrentemente hace referencia Ernesto Sabato en su obra? Esa respuesta no voy a darla yo, no tengo autoridad ni certeza alguna para decirlo, simplemente intentaré acercarme a él desde cómo lo concibo, a partir del conocimiento que tengo de sus escritos y su pensamiento.

En resumen, podría decir que es posible acercarse a ese Absoluto como a Dios, pero no es tan unívoca la idea que se me viene a la mente, me explico. Quizá podemos acercarnos a él pero no como al Dios de los cristianos propiamente, sino como una búsqueda del Infinito, del Todo, ese Todo que sería como el principio más allá del propio ser humano y de la vida misma, la verdad suprema y última quizá.

Puede que no lo concibiera como el Dios del que habla la Biblia tampoco, sino como un principio creador y sustentador de todo que para el caso específico de Sabato, sin embargo, esto es solo una posibilidad, pues estando familiarizados con su pensamiento, bien podría tratarse de ese Dios Bíblico (quizá mítico más que cristiano) o ser algo completamente distinto, eso es al menos lo que veo y siento en él: que realmente nunca estuvo conforme con ninguna posibilidad porque nunca encontró una respuesta definitiva con respeto a Dios, razón por la cual quizá pudo haber escogido en su lugar volcarse en la idea abstracta del "Absoluto".

Por todo ello considero que el Absoluto podría tener una connotación que poco o nada hace con la religión tal y como la concebimos, sino que tal vez él mismo lo haya visto como algo, por ahora, y en esta condición humana, inaccesible a nuestra mente limitada y finita, como ese algo tan vasto e infinito que no puede ser descrito con un lenguaje finito, el principio y el fin de todo, la razón de ser, de todo; algo quizá similar en cierta forma, solo al sentido de la vida misma.

Mis intentos por intentar explicar cómo concibo el tema serían quizá tan vanos como no hacerlo en absoluto, por el simple hecho de mi condición humana y porque de alguna manera al intentar definir algo infinito caería de seguro también en limitarlo y de entrada cualquier intento sería en esencia y por sí mismo infructuoso.

Sabato pudo ser un genio, un sabio y un gran maestro y lo más curioso del asunto, sin ninguna pretensión de serlo, quiso que lo recordaran solo como “un viejo cascarrabias, pero en el fondo buen tipo”, nada más. Tal vez por eso precisamente fue un maestro para muchos, realmente lo fue, y si hablamos de mí, ¡vaya que lo fue!; sin embargo, a pesar de su genialidad, o quizá por eso mismo, esa incertidumbre sobre Dios y/o sobre el Absoluto parece haberlo acompañado hasta el final, o quién sabe, hasta un momento antes de partir, antes de traspasar el umbral entre esta vida y lo desconocido.

Por todo aquello, por su intelectualidad y su espíritu crítico, por su sensibilidad humana y artística, su genialidad danzó tanto con las sinusoides, logaritmos y la teoría de la relatividad como las letras, la poesía, y la pintura. Logró representar en su propia vida la dialéctica entre intelectualidad y sensibilidad que, para el mundo parecen estar tan reñidos, pero que en su vida y su obra e sintetizaron en genialidad y nobleza.

Y no solo saltó a la vista esa nobleza desde su arte, pues así como danzó, también luchó; luchó por los derechos humanos y el reconocimiento del ser humano como tal, por la reivindicación de de su condición humana, lejos de ser solo un engranaje más de la Gran Maquinaria que representa el sistema, donde el ser humano, según manifiesta, ha sido cosificado y reducido a una pieza molde y totalmente intercambiable y desechable.

Así de trágica y de apocalíptica vio la condición humana, quizá por eso la necesidad de aferrarse a ese Absoluto, así de quebrantados vio los valores en una época donde el avance científico le parecía innegable, a diferencia del progreso moral.

De este modo, fue una constante su preocupación por rescatar la dignidad del ser humano del abismo meramente materialista, quizá también por eso vivió inmerso en esa idea recurrente a lo largo, ancho y profundo de su obra. Probablemente esa recurrencia reflejaba su propia y recurrente búsqueda, su anhelo de encontrar a ese Dios, y es que utiliza el término de una manera tan abstracta y muchas veces imprecisa, cual si se tratara de una especie de añoranza suya, tan esencial como lejana, esa que él mismo tuvo a bien llamar, el "Absoluto".

Es por todo aquello y más, que su obra y pensamiento, particularmente, me ha tocado de muchas maneras. Sus escritos son ahora un rinconcito al que, a pesar de los años, todavía vuelvo, una y otra vez, como quien encuentra en aquellas páginas un refugio.